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Segundo Ciclo de Conferencias sobre "Materialismo dialéctico y filosofía contemporánea"

"Queremos recordarles a tod@s ustedes, que el segundo ciclo de conferencias sobre "Materialismo dialéctico y filosofía contemporánea" centrado en el tema de la historia de la filosofía, se dictará el próximo martes 14 de abril, a las 6:30 PM, en el salón tradicional de la facultad de medicina de la UTP (2° piso). Sugerimos repasar algunos de los textos incluidos en el CD que se facilitó durante el primer ciclo. Se anexa el texto final de la conferencia leída en el primer ciclo por parte del conferencista de la Corriente (la segunda conferencia no ha sido aún entregada por el ponente). Recuerden que la invitación es abierta a tod@s y que la actividad dura en total 3 horas, la mitad del tiempo para las conferencias y el resto para la participación del público.

Fraternalmente...

Corriente Progresista - Eje Cafetero."

cinforo@gmail.com

1 comentario:

  1. ÉTICA Y MORAL DE LA GUERRA
    por: Praxis colombia


    La guerra es una contradicción, desde su inicio, desde sus causas mismas, hasta lo mas operativo de esta. El tratar de “justificar” lo injustificable como la guerra es un absurdo.

    Moral y éticamente los conflictos armados no favorecen a nadie; esto no quiere decir que las guerras sean buenas o malas…Sus consecuencias los son y elevar un juicio moral acerca de esto es caminar en arenas movedizas, lo que si es moral y éticamente incorrecto son las causas que originan la mayoría de las guerras (hambre, desigualdad social, invasiones, exterminios étnicos, pobreza…) Todo aquello que no debería existir en nuestra actual sociedad o si no, cual es pues el sentido de pertenecer a la misma?

    Las situaciones fuertes son las que marcan el contenido moral de las personas, instituciones y colectivos. Las buenas palabras del discurso cotidiano apenas exigen compromiso porque las responsabilidades se diluyen al asumir que en la mano de nadie está cambiar el mundo; así, todos coinciden en que su forma de hacer favorece la justicia y la solidaridad. Una de estas situaciones extremas es la guerra, el mayor atentado a la convivencia e índice máximo del la pasión por el poder. Ante esta situación la ética y la moral adquieren una gran relevancia al juzgar en conciencia la legitimidad de la violación del más elemental de los derechos: la vida.

    Podría parecer que la ética y la moral deberían correr parejas en el juicio interno y externo del acto de guerra, pero la degradación de los principios morales está conduciendo a confundir la moral humana con la norma positiva, la legitimidad con la legalidad, el derecho natural con el interés de quienes imponen la ley del poder sobre la sociedad, los mismo que en ultima crean y modifican la ética que regirá en dicha sociedad. La moral, de esta manera, lejos de sustentarse sobre los legendarios decálogos que constituyeron sus referencias más profundas, hoy se pretende adaptarlas como un utilitarismo práctico que justifique la dinámica interna de la propia ideología.

    En su estructura más profunda toda moral se identifica con la esencia de la ética que exige en conciencia a la persona humana obrar el bien y evitar el mal. Es el caso - muy común en la sociedad colombiana - en donde (“el fin justifica los medios”, “Papaya puesta, papaya partida”, “El vivo vive del bobo”…) son parte de nuestro ethos cultural e inclusive parte de nuestro conocimiento popular como equivocadas directrices para el actuar día a día.

    La defensa de la vida individual o de un colectivo ante una amenaza real es una consecuencia del derecho natural que ampara a toda persona a conservar su vida. Sobre la base de este principio se ha construido el concepto de guerra justa, que puede ser aceptado sobre el fundamento moral de la legítima defensa, lo que exige: que el peligro sea verídico, que provenga de una acción previa promovida por un sujeto exterior, que el recurso a la violencia no pueda ser evitado por otro medio y que los medios de defensa sean proporcionados a la neutralización del peligro exterior sin excederse en el daño causado al provocador.

    Con todos estos requisitos que exige la auténtica moral puede fácilmente deducirse como nunca puede ampararse la iniciativa de la acción bélica, porque únicamente la defensa es tal cuando actúa para repeler un ataque realmente existente.

    Es algo evidente que no es la conciencia del hombre la que determina su entorno social, sino, por el contrario, es la sociedad y su entorno la que determina la conciencia del hombre y es esta conciencia la que debe guiar la moral y ética del hombre. El pensar en una sociedad sin guerras es una utopía con las actuales condiciones sociales, no se acaba la pobreza eliminando los pobres ni las guerras volviéndolas mas “humanas” o guerras mas “éticas” .

    Una sociedad mas justa social, económica y políticamente hablando; una mayor conciencia del papel del hombre dentro del esquema natural y la formación de hombres nuevos con una elevada moral y una ética acorde a una sociedad del conocimiento son la mejor defensa para evitar las guerras.


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